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Por Guillermo Alfieri*
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Fecha:12/06/2017 12:15:00 
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De lo dicho, visto y oído en el Día del Periodista, algo quedó en el tintero. En la descarga, deseo apuntar que mucho le debo al oficio: aprendizaje permanente, afirmación de la curiosidad y la intuición, manejo del registro exclusivo y definitorio de cada nota, tácita obligación de fijar límites éticos, fuente de ingresos para parar la olla y conocer mundo con la ayuda de una beca, vínculo con compañeros de hierro, oportunidades de sumergirse en hechos trascendentes, conocer figuras históricas en el variado universo de las actividades humanas y acceder a la docencia.
Para no omitir el otro lado del espejo, recurro a Franz Kafka: “Frente a los sufrimientos (…) puedes echarte atrás. Puedes hacerlo y está en vos, pero ese echarte atrás es quizá lo único que podrías evitar”. La reflexión se adapta a la precarización laboral que padece el gremio, hasta con incertidumbre acerca del futuro del oficio. La cuestión es no recular, no resignar la vocación, capacitarse a fondo y plantear el debate sin exclusión de la autocrítica.

Como una bisagra para salir del tema, marco la ficha de otro aniversario: 9 de junio de 1956. La tragedia represiva en los basurales de José León Suárez, provincia de Buenos Aires. La sensibilidad periodística de Rodolfo Walsh, para atender lo aparentemente imposible: “Hay un fusilado que vive”. Punto de partida de la investigación contenida en Operación Masacre, antes que Truman Capote redactara A Sangre Fría y que a Tom Wolfe se le ocurriera decretar el parto del nuevo periodismo. Leer la obra de Walsh, con decenas de informes, sirve para encontrar la perfecta confluencia de forma y contenido, con la ética de la sintaxis.

“El camino de la liberación es como agarrar una cebolla y querer llegar al corazón. Vos le sacás una capa y abajo hay otra y otra y cada una te hace llorar. Nosotros debemos llenarnos las patas de tierra y tomar mucho mate con la gente para ver cómo, desde ellos y con ellos, caminar hacia ese horizonte que es una Iglesia nueva”. Así hablaba monseñor Enrique Ángel Angelelli. Dentro de unos días, el 17 de junio, cumplirá 94 años. Hay instituciones, barrios, calles y rutas que llevan su nombre. A la misa recordatoria asistirán fariseos que brindaron por su muerte, el 4 de agosto de 1976. Son capaces de reprocharle por qué no se fugó de la zona de riesgo. Les contesta el leal Negro Ledesma: “Si el obispo aceptaba la invitación para irse a un país latinoamericano hasta que las circunstancias en la Argentina se enfriasen, seguramente hubiese dejado de ser Angelelli. Hubiese desertado a la cita con el fuego terrible de la Ética (…)”

Un jurado popular bonaerense, declaró culpable al autor de un femicidio. La sentencia fue por unanimidad de seis mujeres y seis varones. El victimario se había acogido a la alternativa de que el fallo no lo pronunciaran magistrados ordinarios. Las fiscales letradas del caso se encargan de difundir las razones de la cadena perpetua para el asesino y los mecanismos del tribunal de gente común. A modo de clase práctica puede accederse a la película Doce Hombres en Pugna, protagonizada por Henry Fonda, aunque en esa ficción el acusado resultó absuelto. Más que el caso puntual, lo que trata el filme es la gama de perfiles psicológicos de los personajes y el mano a mano con los respectivos prejuicios.

Resultó extraño que noticieros paranaenses se hicieran eco del estupor motivado por las medidas de seguridad, protectoras de la integridad física de la canciller alemana Ángela Merkel, durante su breve presencia en Buenos Aires. Sin parámetros rígidos para la comparación, nuestra ciudad vio alterado su ritmo habitual por la pequeña reunión de presidentes del Mercosur, a fines de 2014. Para colmo hay denuncia, con trámite judicial, por presunto delito en el manejo de fondos, a propósito del encuentro que resultó intrascendente, salvo para los que del protocolo hicieron negocio turbio.
En otro andarivel de interés, nos enteramos de un rasgo táctico de la dirigente del social-cristianismo, de austera conducta. Resulta que la señora Merkel encontró el modo de eludir la confrontación discursiva con el interlocutor de turno. Diga lo que diga el otro, ella indicará: “Sí, pero…” o “De acuerdo, pero…” Pensándolo bien, la fórmula debe ser efectiva porque gambetea el rechazo abrupto y mantiene abierta la puerta a la disidencia argumentada.
Por ejemplo, se proponen pautas de acción para evitar que el tenebroso juego de la ballena azul, navegue desde Rusia para seducir a niños y adolescentes, en zona de peligro de su maduración. La responsabilidad del cuidado se coloca en la familia y la escuela, en especial. En la instancia podríamos decir: De acuerdo, pero lo fundamental sería cerrarle la marcha a la maliciosa ballena, eliminar su existencia. En conclusión, el estilo Merkel sería de utilidad para contener la cultural ola de la naturalización de males de la época, como si fueran invencibles, fabricados por dioses miserables.

En el Día del Periodista me preguntaron qué incluiría en la columna de los Temas Pendientes. Aproveché la oportunidad para incorporar una efemérides omitida: ya hace 20 años de incumplir la orden constitucional de elaborar y aprobar la nueva ley de coparticipación federal impositiva. Que la Patria se lo demande a los mandatarios que corresponda.

*Periodista - Escritor
Publicado el 10 de junio de 2017
@alfieriguillermo
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